miércoles, 25 de junio de 2014

Campamentos de verano

Llega el final de curso y el final de tus ideas. Llega el momento en pensar qué narices hacer con tus hijos mientras tus vacaciones están a años vista. Abres el cajón donde guardas el correo y buscas todos los trípticos, dípticos y resto de folletos de los maravillosos campamentos de verano. Buscas en internet. "Google, ayuda, esto va en serio, necesito ideas para ver qué hago con los niños en julio." Vas a recoger las notas al colegio y lo de menos son los sobresalientes, notables... suspensos. Ahora lo que intentas es hacer corrillo para, con el resto de padres, empezar un brain storming de los buenos y recibir información y consejos. 

Una los lleva al campamento de día de su ciudad. Otros al pueblo inglés que ni es pueblo ni es inglés. Los Pérez se van todos al sur de Francia a un rollo comuna que ya les preguntaré a la vuelta porque no he entendido nada de lo que me han contado. Pablo, el pobre Pablo, que lo que quería era quedarse en casa, al final se va a un campamento de pseudo scouts. Y el friqui del padre de Moncho ha conseguido plaza en un Summer Camp de fútbol donde le prometen sacar lo mejor de su hijo para crear al próximo Cristiano Ronaldo. Lo lleva clarinete. Yo he visto a Moncho jugar al fútbol y lo más redondo que ha visto ese niño es su descomunal tripa que llena de donuts todas las tardes después del colegio. 

Hace un mes, o así, recogiendo a los niños a la salida de clase, me encontré con Gabriel. Tiene dos niñas. Una de siete años y la mayor de diez. Su mujer, que es profesora, se negaba a mandarlas a ningún campamento este verano. Como tiene un horario flexible en verano se ofreció para pasar las mañanas con ellas y Gabriel se ocuparía por las tardes. Me contaba Gabriel, que Marta, su mujer, pensaba que los campamentos eran como sucursales de Guantánamo repartidas por todo el mundo. Que si allí solo iban los niños delincuentes, que si lo único que les aportarían los quince días en la sierra era una colección de insectos por parásitos, que ya tenía suficiente con los piojos del colegio. Total, que Gabriel, que había sido Boy Scout de pequeño, cedió. 

La semana pasada acabaron las clases. Las niñas madrugaban algo menos que para ir al colegio. En lugar de levantarse a las 7:00 como todo el año, lo hacían a las 7:30. Gran generosidad por su parte. "Así mamá descansa y duerme un rato más." Antes de las 8:00 ya habían discutido por algo. A las 9:00 primer grito de su madre. Os portáis bien o no hay piscina. Las niñas, erre que erre, pelea tras pelea, grito por aquí y gritos por allá. Vale, hoy no hay piscina. Pensando en castigar a las niñas, la más perjudicada es su madre. Sin piscina no hay forma de quitarse el calorazo de encima. Además, los 80 metros de su casa no dan para estar dos niñas endiabladas 24 horas seguidas sin salir a la calle. Se asoman a la ventana, ven a sus vecinas hacer gamberradas en el agua mientras ellas sufren en su quinto piso con vistas al sol... sol por la mañana, sol por la tarde, sol todo el día. 

Gabriel está reunido con su jefe arreglando un contrato que hay que cerrar para el viernes. No hace más que vibrarle el teléfono. Lo mira. Es Marta. Vuelve a vibrar. Marta otra vez. A la tercera responde. 

- Marta, dime, estoy reunido. 
- Las niñas se van. Me da igual si aprenden inglés, yoga, o flamenco, pero las niñas se van. Que se hagan scouts o alpinistas pero aquí no se quedan todo el verano. Las acabo de apuntar a un campamento en Murcia. El autobús sale en dos horas. O vienes o no te despides de ellas. 
- Imposible, no les hagas eso. Dame el número de teléfono del campamento que lo cancelo. 

Media hora después, vuelve a sonar el teléfono de Gabriel. 

- Gabriel, cariño, sabes que te quiero, pero he visto en la intranet del colegio que necesitan una cocinera para el Summer Camp de Burgos. No he podido decir que no. Esta noche llevo a las niñas a casa de tus padres. Todo está arreglado. Por cierto, vuelvo el 30 de agosto. Biiip... Biiip... Biiip... 

miércoles, 18 de junio de 2014

"El ser humano es bueno por naturaleza"


"No todo el mundo es malo por naturaleza". 
"El mundo está lleno de gente buena". 
"Uno es inocente hasta que se demuestre lo contrario". 
"No existirían los malos si el mundo no estuviese lleno de buenos, no tendrías con quién compararlos". 

La semana pasada, camino de casa de mi padre, me dirigía por la M30 hacia La salida de O'Donnell (me viene a la cabeza una frase que oí ayer en la radio, "La vida es como la M30, si te equivocas una vez la has cagado para siempre"). 

Una vez pasé el pirulí, me encontré con el habitual atasco de esa zona a esa hora. Los coches del carril derecho avanzaban, los del izquierdo también. Yo, como siempre, pensé, "una vez más me ha tocado el carril de los tontos". No. Esta vez no. Los de mi carril avanzaban. Todos menos un Mercedes antiguo, el coche que le seguía y yo, que estaba detrás de ellos. Era obvio que el Mercedes se había estropeado. Los gestos del conductor así me lo transmitieron. Parece que el conductor del Renault que se encontraba entre nosotros dos era de otro planeta. No entendió nada. Sin poner el intermitente, sin previo aviso, volantazo a la izquierda, acelerón en plan salida del pitlane, y adiós muy buenas, no sin dejar de sacar su brazo por la ventanilla y dedicar una amable peineta al malogrado conductor del Mercedes. 

El espacio que quedó entre el coche averiado y el mío quedó vacío, tanto como el cerebro del capullo de la peineta. Acerqué mi coche. Lo coloqué a la derecha del Mercedes. Bajé la ventanilla y confirmé lo ya sabido. "Acabo de salir del taller y aquí estoy, con el coche parado otra vez". 

No tenía triángulos, no tenía chalecos, "no tenía cabeza" me dije. Bueno, Murphy anda cerca. Vamos a ver si le mandamos a la mierda entre los dos. Saqué los triángulos, los coloqué a una distancia prudente, la gente pitaba. La gente está de los nervios, así, en general. Le di un chaleco. Se lo puso. Me puse el mío. Coloqué mi coche de tal forma que cortaba también el carril derecho. La gente no solo pitaba, la gente se bajaba de los coches a insultar, gritar... Vaya mundo de mierda. Vaya estrés. Vaya... vaya. 

Empujamos el Mercedes hasta el arcén. Ahora era mi coche el que había que mover. Fácil, el mío funciona. Lo aparqué en el arcén. Recogí triángulos. Me dijo que esperaría a la grúa por lo que nos despedimos. Me devolvió el chaleco y le dije que se lo quedara que a Murphy uno no se lo carga tan fácilmente, que suficiente tenía ya con el coche roto como para que tuviese que pagar una multa por ir sin chaleco. No está la vida para ir pagando multas así como así. 

Y pensarás... ¿Qué tiene que ver esto con las citas de ahí arriba? Muy sencillo, al llegar a casa de mi padre le conté lo ocurrido, el porqué de mi retraso, y me dijo: "Ten cuidado que por ahí hay gente que simula averías para luego robarte y desplumarte". 

"El ser humano es curioso y bueno por naturaleza". Eso dice mi amiga Alicia Sornosa (hablaré de ella y lo que hace en otro momento). Siempre vamos por ahí pensando que todo aquel con que nos cruzamos nos la va a liar. Llama al timbre uno diciendo que es de Iberdrola y pensamos que es un albanokosovar que nos va a cortar en dos. Se acerca alguien a nuestros hijos y pensamos que nos los van a raptar. Nos para un japonés en la calle con un mapa y Nikon al hombro y nos da por pensar que es de la mafia china y nos va a abrir en canal para vender nuestros órganos en el mercado central de Pekín. 

No. No y no. Y si así es, mala suerte. 

Dicho todo esto, me voy a levantar de aquí que se acerca un tipo raro.

...

Falsa alarma. Era el camarero para traerme la cuenta. 

viernes, 13 de junio de 2014

Mear de pie en whatsapp

Hoy me he vuelto a ver metido en un tremendo lío. Las madres de los compañeros de colegio de mi hijo han creado un grupo de whatsapp. Me da un poco igual el hecho de que se pongan a cotillear como una manada de porteras a la hora de cierre de portales. Lo que no llego a entender es por qué me incluyen a mí. Vale que soy de los pocos padres que lleva a los niños al colegio casi a diario. Pase que me traigo a sus hijos muchas veces a casa, que debe ser la razón por la que casi todas tienen mi número de teléfono. Reconozco que mi defecto, o virtud, de hablar hasta con las farolas haga que todas me conozcan. Pero de ahí a meterme en sus grupos de madres... 

No es la primera vez. Aquella, la primera, me vi envuelto en una discusión cromática. Que si el regalo común que haríamos a una cumpleañera de 5 años era mejor un vestido rosa con un cuello estilo princesa en blanco roto, bordado a todo bordar con bodoques y rematado con unos botones estilo francés que rompen con el estilo clásico del patrón original. Mira, ni sabía lo que era el blanco roto, ni mucho menos el estilo ese francés del que hablaban y para qué contaros y aburriros con mi desconocimiento total de lo que es un bodoque... o un patrón. 

Me fui. Abandoné. En cuanto salió el tema elección de flores para la madre que invitaba me largué. Me piré sin previo aviso. No debió de sentar nada bien pues acto seguido me llegaron seis mensajes de seis madres pidiendo explicaciones. Respondí de una manera un tanto grosera, el tiempo ha pasado y así lo veo ahora... "El único que mea de pie soy yo. Las que lo hacéis sentadas, seguid discutiendo si es mejor un centro de margaritas de colores o un ramo de rosas sin espinas". 

Lo han intentado varias veces más. Sigo buscando y no consigo ver nombres masculinos en la lista de miembros. Les he dado el teléfono de mi mujer. Pensé que pillarían la indirecta. Perfecto, lo han entendido a la primera, pero parcialmente. Ahora nos meten a los dos en los interesantísimos grupos que tanto me aportan. Vamos a ver, que yo no os meto a vosotras en los grupos de colegas discutiendo si es mejor cortar las palmeras del jardín con sierra o motosierra, o en aquél donde organizamos el partido de fútbol de solteros contra casados. Tampoco recuerdo veros en el sonadísimo grupo de la despedida de soltero de Juan. ¿Acaso os preguntamos algo de aquello? No, ¿verdad? Pues eso, que no quiero ser miembro de ningún Club de Madres. Insisto, cuando voy al cuarto de baño es posible que no levante las dos tapas como vosotras, pero es que no lo hago para sentarme, sino porque se me olvida. Meo de pie. 

Me reconozco paciente. Pero todo tiene un límite. Aprended de los vascos y sus asociaciones gastronómicas. No entran tías. Tomad nota del deporte. En la WTA (Asociación de Tenis Femenino) no hay tenistas con pelo en pecho... Joder, Navratilova me chafa este ejemplo. Aprended entonces del equipo de natación sincronizada, solo ellas. Tomad nota entonces: en el grupo "madres del cole" no hay sitio para mí, ni un hueco. 
 
Hoy, decía, me han metido en otro grupo. Hoy hay movida entre dos de ellas. Hoy... me quedo.